La Copa del Mundo 2026 comenzó a rodar en las canchas, pero en la Ciudad de México la fiesta se trasladó al corazón de sus calles. Entre gritos, banderas y una explosión de colores, el “Gran Desfile Mundialista” arrancó este sábado sobre Paseo de la Reforma, donde miles de personas se congregaron para vivir una celebración que mezcló futbol, cultura e identidad mexicana.
A las 13:20 horas, desde la Glorieta de la Diana Cazadora, un enorme globo con la frase “La pelota vuelve a casa” marcó el banderazo de salida de un recorrido que avanzó rumbo al Monumento a la Revolución, atravesando puntos emblemáticos como el Ángel de la Independencia, la Glorieta del Ahuehuete y el Monumento a Cuauhtémoc.
Desde temprano, familias completas, turistas y aficionados comenzaron a ocupar las banquetas de Reforma en busca del mejor lugar. Camisetas de selecciones, rostros pintados y banderas de distintos países convirtieron la avenida en un mosaico multicultural que recordó que México vuelve a ser epicentro del futbol mundial.
El desfile reunió 52 carros alegóricos y comparsas, acompañados por más de mil actividades culturales y deportivas. Pero más allá de la magnitud, fue la mezcla de símbolos la que dio identidad al espectáculo.
Catrinas monumentales, alebrijes gigantes y danzantes tradicionales avanzaron entre música y coreografías, mientras figuras inspiradas en el juego de pelota prehispánico evocaron las raíces deportivas y culturales del país. La intención fue clara: conectar la historia milenaria de México con el torneo más importante del planeta.
La nostalgia también tuvo su espacio. Entre los carros alegóricos aparecieron representaciones de dos gigantes eternos del futbol: Pelé y Diego Armando Maradona, figuras que marcaron generaciones y que mantienen un vínculo especial con México por sus actuaciones en los Mundiales de 1970 y 1986.
Las referencias a aquellas ediciones mundialistas despertaron recuerdos entre los aficionados veteranos, mientras los más jóvenes descubrieron parte del legado que convirtió al país en una tierra emblemática para la historia de la Copa del Mundo.
El desfile también hizo un guiño a la nueva dimensión del torneo, con homenajes a las 48 selecciones participantes y una celebración que reflejó la diversidad cultural de la justa organizada por la FIFA.
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Con ello, la capital mexicana dejó un mensaje claro: el Mundial no solo se jugará en los estadios. También se vivirá en las calles, en sus tradiciones y en la manera en que México busca mostrar al mundo que el futbol aquí no es solo un deporte, sino una expresión cultural capaz de reunir memoria, pasión e identidad.










