México y Estados Unidos (EU) iniciaron formalmente las negociaciones rumbo a la revisión del T-MEC, un proceso que el gobierno federal ha intentado presentar como una muestra de estabilidad económica y cooperación regional.
Gran inicio de la ronda de conversaciones con nuestros colegas de USTR : Jeffrey Goettman, Daniel Watson ( del lado izquierdo) y Daniel O’Brien ( del lado derecho) Bienvenidos !! pic.twitter.com/onzeSKffNH
— Marcelo Ebrard C. (@m_ebrard) May 27, 2026
Sin embargo, detrás de los discursos optimistas de la administración de Claudia Sheinbaum y del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, existe un escenario complejo marcado por presiones políticas, amenazas arancelarias y una creciente dependencia comercial frente a Estados Unidos.
Las reuniones comenzaron este 27 de mayo en territorio mexicano y forman parte de un calendario de tres rondas de negociación que continuará en Washington durante junio y regresará a México en julio. El objetivo oficial es preparar la revisión del tratado comercial prevista para el 1 de julio de 2026, fecha clave para decidir si el acuerdo se extiende por otros 16 años o entra en un esquema de revisiones anuales.
Aunque Marcelo Ebrard aseguró que México busca fortalecer la competitividad regional frente a Asia, el propio funcionario reconoció que se trata de conversaciones “complejas y difíciles”.
La realidad es que México llega a esta revisión en una posición vulnerable: más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense y cualquier tensión política o comercial con Washington impacta directamente en la economía nacional.
El discurso oficial insiste en que el T-MEC representa una relación de socios, pero los hechos muestran una negociación profundamente desigual.
Estados Unidos mantiene presión constante sobre México en temas laborales, energéticos, reglas de origen y seguridad fronteriza, mientras el gobierno mexicano parece concentrado en evitar conflictos con la administración estadounidense, especialmente ante el posible regreso de políticas proteccionistas ligadas a Donald Trump.
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Otro punto crítico es que el gobierno mexicano ha vendido el inicio de estas reuniones como una señal de fortaleza económica, cuando en realidad reflejan la enorme dependencia estructural que México mantiene con Estados Unidos desde la entrada en vigor del tratado.










