México enfrenta una crisis entre sus jóvenes: durante 2025, 3 mil 318 personas de 15 a 29 años murieron por suicidio, según cifras preliminares del Inegi.
El suicidio se convirtió en la tercera causa de muerte entre jóvenes de ese grupo de edad, con una tasa de 10.2 casos por cada 100 mil personas.
Además, los jóvenes concentraron 38.1 por ciento de los 8 mil 709 suicidios registrados en todo el país durante 2025.
La cifra revela una emergencia que rebasa las estadísticas: miles de jóvenes enfrentaron situaciones de dolor emocional que terminaron en una muerte prevenible.
La tasa nacional alcanzó 6.7 suicidios por cada 100 mil habitantes, por encima del 5.1 registrado en 2015, aunque ligeramente debajo del 6.8 de 2024.
Hombres concentran ocho de cada 10 muertes
Los hombres representaron 79.9 por ciento de los suicidios registrados en 2025, mientras las mujeres concentraron 20.1 por ciento.
La diferencia también aparece en las tasas: los hombres registraron 10.9 casos por cada 100 mil habitantes, frente a 2.6 entre las mujeres.
Chihuahua, Yucatán y Aguascalientes encabezaron las tasas estatales, con 13.8, 13.7 y 12 casos por cada 100 mil habitantes.
Aunque algunos indicadores disminuyeron ligeramente, el aumento acumulado durante la última década mantiene encendida una señal de alerta sobre la salud emocional de la población joven.
Juventudes LGBTQ+, atrapadas entre discriminación y crisis
La emergencia adquiere mayor gravedad entre las juventudes LGBTQ+. Más de la mitad reportó haber considerado seriamente el suicidio, según The Trevor Project México.
El dato más preocupante aparece en las escuelas: seis de cada 10 jóvenes LGBTQ+ que intentaron suicidarse relacionaron esa decisión con su ambiente escolar.
Además, 55 por ciento reportó discriminación recurrente debido a su orientación sexual o identidad de género.
Los espacios educativos concentraron 58 por ciento de las experiencias de discriminación reportadas, según la encuesta sobre salud mental de juventudes LGBTQ+.
Sin embargo, la escuela también puede convertirse en una red de protección cuando ofrece espacios seguros, adultos capacitados y acompañamiento sin prejuicios.
El problema, por tanto, no termina en las cifras de mortalidad. También involucra discriminación, aislamiento, violencia, rechazo y falta de apoyo emocional.
Una crisis que exige intervención, no silencio
En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, especialistas llaman a romper el silencio y detectar señales de riesgo antes de que ocurra una tragedia.
Preguntar directamente “¿estás pensando en suicidarte?” puede abrir una conversación que permita identificar el riesgo y conectar a la persona con ayuda profesional.
La prevención también exige escuchar, mantener a salvo, establecer contacto con servicios de apoyo y dar seguimiento, especialmente durante momentos de crisis.
Los datos del Inegi colocan una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿qué está fallando alrededor de miles de jóvenes para que el suicidio siga cobrando tantas vidas?
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Más allá de las estadísticas, cada caso representa una vida interrumpida y una familia marcada. La magnitud del problema exige prevención permanente, atención oportuna y comunidades capaces de escuchar.
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