El ingreso por Impuesto Sobre la Renta (ISR) cayó 5.6 por ciento durante 2026, su mayor retroceso desde 2009, según cifras oficiales recientes.
La recaudación alcanzó un billón 996 mil 800 millones de pesos, apenas 94.1 por ciento de la meta prevista para el periodo correspondiente.
Sin embargo, la debilidad recaudatoria refleja un problema mayor: menores márgenes empresariales, mayores costos laborales y un menor número de compañías formales.
Gabriela Siller, directora de Análisis Económico-Financiero de Banco Base, vinculó el descenso con el estancamiento económico y la pérdida de dinamismo empresarial.
El deterioro también modificó la composición tributaria. El ISR pasó de aportar 55.1 a 51.8 por ciento de los ingresos tributarios entre 2025 y 2026.
En contraste, el IVA aumentó su participación de 27.8 a 30.8 por ciento, una señal de mayor dependencia sobre el consumo para sostener la recaudación pública.
Menor actividad complica las metas fiscales
El cambio genera presión porque el Paquete Económico 2027 plantea un crecimiento real de los ingresos tributarios, pese al débil desempeño económico observado durante 2026.
Siller advirtió que, sin una aceleración económica, resulta difícil alcanzar esas metas, mientras el Gobierno enfrenta mayores compromisos por pensiones, programas sociales y costo financiero.
Además, el déficit público podría superar 4.1 por ciento del PIB al cierre del año si Hacienda mantiene el actual nivel de inversión.
La inversión física acumula hasta agosto una caída de 32.4 por ciento respecto de 2024, reflejando el ajuste aplicado para contener las presiones presupuestarias.
No obstante, reducir nuevamente la inversión tampoco representa una solución sostenible, porque limita infraestructura y crecimiento mientras el gasto obligatorio continúa aumentando.
Déficit y deuda enfrentan mayores riesgos
Un déficit mayor podría incrementar la presión sobre las finanzas públicas y elevar el riesgo de una reducción en la calificación soberana, advirtió Siller.
Además, una eventual pérdida del grado de inversión encarecería el financiamiento para México y complicaría todavía más el manejo de la deuda pública.
El problema no depende únicamente del ISR. El crecimiento de pensiones, programas del Bienestar y costo financiero reduce el margen disponible para otras necesidades presupuestarias.
Siller resumió el escenario con una advertencia contundente: “No dan las matemáticas”, ante un modelo fiscal que enfrenta mayores obligaciones y menor dinamismo recaudatorio.
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Por ello, una eventual reforma fiscal podría aparecer nuevamente en el horizonte, con el riesgo de trasladar mayores cargas a contribuyentes formales.










