Las versiones sobre presuntas investigaciones del gobierno de Estados Unidos contra los gobernadores morenistas Alfonso Durazo, de Sonora, y Américo Villarreal, de Tamaulipas, representan un nuevo golpe a la credibilidad de Morena y reavivan uno de los temas más incómodos para la política mexicana: la persistente sospecha de vínculos entre estructuras de poder y organizaciones criminales.
NEW: The U.S. is investigating two more Mexican governors for alleged ties to cartels.
— Kate Linthicum (@katelinthicum) June 3, 2026
This puts new pressure on President Sheinbaum, who has slammed U.S. probes into sitting Mexican leaders as electoral interference.
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Aunque hasta el momento no existen acusaciones formales ni procesos judiciales públicos en contra de ambos mandatarios, el simple hecho de que sus nombres aparezcan en reportes e investigaciones estadounidenses vuelve a colocar al partido gobernante bajo una intensa presión política.
De acuerdo con la investigación de LA Times, agencias y autoridades estadounidenses estarían ampliando investigaciones relacionadas con presuntos nexos entre actores políticos mexicanos y grupos del crimen organizado. Los nombres de Durazo y Villarreal aparecen en medio de una creciente ofensiva judicial de Washington contra funcionarios y exfuncionarios mexicanos presuntamente vinculados con organizaciones criminales.
La polémica surge en un contexto especialmente delicado para Morena. Durante las últimas semanas, el caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y de varios de sus colaboradores ha mantenido al partido en una posición defensiva frente a los señalamientos provenientes de Estados Unidos. La justicia estadounidense sostiene que cuenta con evidencia relevante contra exfuncionarios sinaloenses acusados de colaborar con grupos del narcotráfico, situación que ha generado una crisis política de alcance nacional.
Más allá de la veracidad o falsedad de las acusaciones, el problema para Morena es político. Durante años, el partido construyó buena parte de su discurso sobre la promesa de erradicar la corrupción y romper con las redes de complicidad que caracterizaron a gobiernos anteriores.
Sin embargo, cada nueva investigación o señalamiento relacionado con gobernadores, funcionarios o dirigentes morenistas erosiona esa narrativa y alimenta las críticas de la oposición.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido denunciando posibles actos de intervencionismo por parte de Estados Unidos y cuestionando la falta de pruebas públicas que respalden algunos de los señalamientos.
Desde Palacio Nacional se insiste en que ninguna autoridad extranjera puede sustituir a las instituciones mexicanas ni determinar la culpabilidad de funcionarios sin un debido proceso.
El caso también exhibe una realidad incómoda para el Estado mexicano: la lucha contra el crimen organizado ya no se limita a perseguir a líderes de cárteles.
Hoy las investigaciones apuntan cada vez más hacia posibles redes de protección política, financiamiento electoral y corrupción institucional.
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Por ahora, Alfonso Durazo y Américo Villarreal rechazan cualquier señalamiento en su contra y no existe una resolución judicial que los responsabilice de delito alguno.











